El niño conoce la fórmula. Entiende la regla. Si le mostramos un ejemplo, resuelve el ejercicio correctamente.

Y, sin embargo, los deberes siguen ocupando dos o tres horas.

¿Por qué?

Una posible razón es que estamos confundiendo dos capacidades diferentes:

saber resolver una tarea concreta y saber organizar de forma autónoma todo el proceso para resolverla no son lo mismo.

Un niño puede entender matemáticas, conocer una regla gramatical o saber perfectamente cómo se hace un determinado ejercicio.

Pero para hacer los deberes de forma autónoma no basta con conocer la materia.

También hay que:

entender la tarea → decidir qué hacer → elegir una estrategia → empezar → comprobar el resultado → decidir qué hacer después.

Imaginemos una tarde cualquiera.

El niño está haciendo los deberes.

Uno de los padres dice:

«Abre el libro».

«Mira el ejemplo».

«Aquí tienes que usar esta fórmula».

«Compruébalo otra vez».

«Bien. Ahora pasa al siguiente ejercicio».

¿Quién escribe?

El niño.

¿Quién calcula?

El niño.

¿Quién hace los ejercicios?

También el niño.

Pero ¿quién dirige la secuencia de trabajo?

Aquí la situación ya es diferente.

Si una parte de estas decisiones la toma constantemente un adulto, el niño puede realizar físicamente el trabajo por sí mismo. Sin embargo, la gestión del proceso sigue siendo parcialmente externa.

Por eso hay dos preguntas que parecen muy similares, pero en realidad evalúan capacidades distintas:

¿Puede el niño resolver este ejercicio?

y

¿Puede organizar de forma autónoma el proceso para resolverlo?

No es lo mismo.

¿Dónde se pierde realmente el tiempo?

Cuando los deberes duran mucho, es fácil concluir:

«El niño trabaja demasiado despacio».

Pero el tiempo total no nos dice todavía en qué parte del proceso se está perdiendo ese tiempo.

Quizá resolver el ejercicio solo requiera cinco minutos, pero el niño tarde mucho en decidir por dónde empezar.

Quizá conozca la regla, pero no reconozca por sí mismo cuándo debe aplicarla.

Quizá entienda perfectamente una solución cuando alguien se la muestra, pero no consiga elegir ese camino sin una indicación externa.

En ese caso, la dificultad no tiene por qué estar en el conocimiento de la materia.

Puede estar en la gestión de la propia actividad.

Pero incluso cuando el niño sabe qué hacer, puede aparecer otro mecanismo que prolonga los deberes: no poder decidir que una respuesta ya está suficientemente comprobada y volver a revisarla una y otra vez. Este problema se analiza por separado en «¿Por qué mi hijo revisa cada ejercicio una y otra vez? Cuando hacer los deberes se convierte en buscar certeza absoluta».

Son mecanismos diferentes, pero ambos muestran por qué el tiempo dedicado a los deberes no depende únicamente de cuánto sabe el niño.

¿Qué pueden observar los padres?

No es necesario empezar inmediatamente con una explicación complicada.

A veces basta con observar qué ocurre cuando, durante un tiempo, nadie le dice al niño:

  • por dónde empezar;
  • dónde buscar la información necesaria;
  • qué regla o método elegir;
  • si la respuesta ya se ha comprobado lo suficiente;
  • cuándo puede dar por terminada una tarea;
  • qué debe hacer después.

Precisamente ahí puede aparecer el punto en el que todavía necesita apoyo externo.

Eso no significa que el niño sea perezoso.

Tampoco significa que los padres le estén ayudando mal.

Y no significa que haya que retirar la ayuda de repente.

El apoyo de un adulto puede ser completamente necesario.

La pregunta importante es otra:

¿Qué decisiones ya toma el niño por sí mismo y cuáles sigue tomando otra persona por él?

Una respuesta correcta no muestra todo el proceso

Podemos ver un ejercicio correctamente resuelto y concluir:

«Conoce el material».

Pero la misma respuesta correcta puede aparecer a través de procesos muy diferentes.

Un niño ha entendido solo el enunciado, ha elegido una estrategia, ha empezado, ha detectado un error y lo ha corregido.

Otro llega exactamente a la misma respuesta después de una serie de indicaciones:

«Mira aquí».

«Recuerda la regla».

«No, inténtalo otra vez».

«Ahora comprueba la respuesta».

El resultado final puede ser idéntico.

El grado de autonomía no.

Por eso, cuando analizamos una dificultad de aprendizaje, conviene observar no solo la respuesta, sino también el camino que conduce hasta ella.

Más ejercicios no siempre resuelven el problema

Cuando un niño tiene dificultades, una reacción habitual es:

«Necesita practicar más».

Y a veces es exactamente lo que necesita.

Si falta conocimiento o una determinada habilidad todavía no está suficientemente desarrollada, la práctica adicional puede ser útil.

Pero imaginemos otra situación.

El niño ya sabe resolver el ejercicio.

La dificultad aparece cuando tiene que decidir por sí mismo cuál es el siguiente paso.

En ese caso, veinte ejercicios adicionales pueden repetir veinte veces el mismo mecanismo:

el adulto decide → el niño ejecuta.

La cantidad de práctica aumenta.

La autonomía no necesariamente.

Por eso, antes de añadir más ejercicios, conviene preguntarse:

¿Qué queremos que el niño aprenda realmente?

¿Solo a resolver este tipo de ejercicio?

¿O también a organizar de forma autónoma el proceso para resolverlo?

La ayuda debe cambiar gradualmente de función

El objetivo no es llegar un día y decir:

«A partir de ahora, hazlo todo solo».

La autonomía no aparece simplemente porque la ayuda desaparezca.

Lo importante es transferir gradualmente al niño aquellas decisiones que antes tomaba el adulto:

primero juntos → después con apoyo → después mediante preguntas → después de forma autónoma → finalmente en una situación nueva.

Así, la ayuda deja de servir únicamente para terminar los deberes de hoy.

Empieza a transformar el propio mecanismo de aprendizaje.

Después de otra tarde de deberes podemos hacer una pregunta más útil que:

«¿Ya está todo hecho?»

Podemos preguntar:

«¿Qué parte de lo que hoy ha hecho el adulto podrá hacer mañana el niño por sí mismo?»

Ver la videolección

Desarrollo esta idea en el breve vídeo en ruso «Ребёнок знает материал. Почему домашнее задание занимает три часа?»

Ver la videolección en YouTube →

Por supuesto, unos deberes que duran demasiado pueden tener muchas causas diferentes. Este material analiza únicamente uno de los posibles mecanismos y no pretende diagnosticar a un niño concreto.

A veces el niño no necesita otra explicación de la misma regla.

Necesita asumir gradualmente las decisiones que hasta ahora otra persona tomaba por él.

«Una buena ayuda no se limita a llevar al alumno hasta la respuesta correcta. Poco a poco le transmite el derecho y la capacidad de elegir por sí mismo el camino hacia esa respuesta».
— Tymur Levitin

Este enfoque forma parte de un modelo educativo más amplio de Levitin Language School:

Idioma → Materia → Proceso de aprendizaje


Autor: Tymur Levitin
Fundador y director de Levitin Language School

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