Una persona hispanohablante que empieza a estudiar noruego puede encontrarse con una afirmación sorprendente:
«El noruego tiene básicamente dos tiempos morfológicos: presens y preteritum».
¿Dos?
La reacción es comprensible.
Porque quien llega desde el español está acostumbrado a un paisaje verbal mucho más visible:
hablo
hablé
hablaba
he hablado
había hablado
hablaré
habría hablado
habré hablado
Y todavía no hemos entrado seriamente en el subjuntivo.
Frente a eso, el noruego puede parecer casi vacío.
skriver
skrev
¿Eso es todo?
No.
Y precisamente ahí empieza el verdadero problema.
Porque una lengua puede tener menos formas morfológicamente diferenciadas sin tener menos capacidad para organizar el pasado, el presente, el futuro, la anterioridad, la perspectiva, la modalidad o la relación entre varios acontecimientos.
La pregunta importante, por tanto, no es todavía:
¿Cuántos tiempos tiene el noruego?
Antes necesitamos otra:
¿Qué estamos contando cuando contamos tiempos verbales?
El español nos enseña a esperar que el tiempo sea visible en el verbo
Comparemos:
hablo
hablé
hablaré
En las tres formas, una gran cantidad de información está integrada en una sola palabra.
No necesitamos necesariamente otro verbo para reconocer el contraste temporal básico.
El propio verbo cambia.
Eso crea una intuición muy poderosa:
si cambia el tiempo, debería cambiar la forma verbal.
Pero incluso el español demuestra que esta intuición no puede convertirse en una ley universal.
Mañana voy a Madrid
Consideremos:
Mañana voy a Madrid.
¿Dónde está el acontecimiento?
En el futuro.
¿Dónde está morfológicamente voy?
En presente.
Ya tenemos una separación entre:
el tiempo en el que ocurre el acontecimiento
y:
el tiempo gramatical de la forma verbal.
Podemos hacer algo parecido en noruego:
Jeg reiser til Madrid i morgen.
La forma reiser es presens.
El viaje está situado en el futuro.
Por tanto:
referencia futura ≠ necesariamente forma de futuro.
Esta pequeña distinción cambia casi toda la pregunta sobre el número de tiempos del noruego.
El futuro no vive necesariamente dentro de una terminación
El mundo nos ofrece relaciones temporales.
Algo ocurre antes.
Algo ocurre ahora.
Algo ocurrirá después.
Pero una lengua no está obligada a convertir cada una de esas relaciones en una terminación verbal independiente.
Puede distribuir la información entre:
la morfología,
verbos auxiliares,
verbos modales,
adverbios,
construcciones perifrásticas,
aspecto,
léxico,
contexto,
y el punto temporal desde el cual estamos observando el acontecimiento.
El español hace unas elecciones.
El noruego hace otras.
Incluso el español tiene varios futuros antes de que empecemos a contar
Podemos decir:
Mañana hablaré con ella.
Pero también:
Mañana hablo con ella.
O:
Voy a hablar con ella.
Las tres expresiones pueden apuntar hacia el futuro.
¿Son tres tiempos futuros diferentes?
No necesariamente.
Tenemos una forma morfológica de futuro, un presente con referencia futura y una perífrasis.
La semántica futura es más amplia que la categoría morfológica denominada futuro.
Si aceptamos esto para el español, podemos mirar el noruego con mucha más precisión.
Empecemos por el núcleo morfológico noruego
Tomemos:
å skrive — escribir
y comparemos:
skriver
skrev
Aquí aparece una oposición central:
presens ↔ preteritum
Si la pregunta es:
«¿Cuál es la oposición temporal morfológica fundamental de las formas finitas del verbo noruego?»
entonces hablar de presens y preteritum tiene mucho sentido.
De ahí puede proceder la respuesta:
dos.
Pero atención.
No estamos diciendo:
«El noruego sólo puede hablar del presente y del pasado».
Estamos diciendo algo mucho más específico sobre su morfología verbal.
Una forma verbal y un tiempo verbal no son automáticamente lo mismo
En una tabla podemos encontrar:
å skrive — skriver — skrev — skrevet
Cuatro formas.
¿Significa eso que el noruego tiene cuatro tiempos?
No.
å skrive es infinitivo.
skriver es una forma finita de presens.
skrev es una forma finita de preteritum.
skrevet es una forma no finita que participa, entre otras cosas, en construcciones perfectas.
Por tanto:
cuatro casillas de un paradigma ≠ cuatro tiempos verbales.
Antes de contar necesitamos distinguir:
forma verbal, finitud, construcción verbal y significado temporal.
¿Qué significa «finito»?
Comparemos:
Jeg skriver.
Jeg skrev.
Las formas skriver y skrev pueden ocupar el núcleo verbal finito de la oración.
Ahora:
Jeg skal skrive.
Aquí tenemos skal como elemento finito y skrive como infinitivo.
Y:
Jeg har skrevet.
Aquí har es finito, mientras que skrevet participa en la construcción perfecta.
Esto es importante porque una lengua puede construir una relación temporal compleja utilizando varias palabras sin crear una nueva terminación del verbo léxico principal.
El español también lo hace
Comparemos:
hablé
y:
he hablado.
En hablé, gran parte de la información está concentrada en una palabra.
En:
he hablado
tenemos una construcción formada por:
he + hablado.
El hecho de que el español tenga una morfología temporal rica no significa que todo su sistema temporal sea puramente sintético.
El español también combina morfología y construcciones analíticas.
La diferencia está en cómo distribuye cada lengua el trabajo gramatical.
Ahora aparece har skrevet
Noruego:
Jeg har skrevet brevet.
Español:
He escrito la carta.
A primera vista, esta comparación parece perfecta.
Y en muchos contextos lo es.
Pero precisamente por eso puede ser peligrosa.
Porque una buena traducción no demuestra que dos categorías funcionen de manera idéntica.
He escrito no es una plantilla universal para har skrevet
En español, la distribución entre:
he hablado
y:
hablé
varía considerablemente según región, variedad lingüística y contexto discursivo.
En determinadas variedades peninsulares, el pretérito perfecto compuesto tiene usos que no se distribuyen exactamente igual que en muchas variedades americanas.
El noruego tiene su propia distribución entre:
har skrevet
y:
skrev.
Por tanto, aprender:
har skrevet = he escrito
puede ayudar al principio.
Pero no debemos convertir la equivalencia de traducción en una identidad gramatical absoluta.
Perfecto no significa simplemente «pasado»
¿Por qué se llama:
presens perfektum
si la escritura ya ocurrió?
Porque necesitamos separar al menos dos cosas:
cuándo ocurrió el acontecimiento
y:
desde qué punto temporal se organiza la construcción.
En:
Jeg har skrevet brevet
la escritura es anterior al punto presente relevante.
Pero el elemento finito:
har
pertenece al presens.
La construcción establece una relación de anterioridad con respecto a una perspectiva presente.
Eso es más preciso que decir simplemente:
«es pasado».
El español puede ayudarnos a sentir esta diferencia
Comparemos:
He terminado.
No solemos interpretar esta oración como una simple coordenada cronológica equivalente a:
terminé en algún momento del pasado.
El perfecto puede establecer una relación particular entre un acontecimiento anterior y una referencia relevante.
Exactamente cómo funciona esa relación depende del sistema de cada lengua y de la variedad concreta.
Pero la idea fundamental es útil:
anterioridad respecto de un punto de referencia ≠ simplemente pasado cronológico.
Movamos ahora el punto de referencia
Noruego:
Jeg hadde skrevet brevet før hun kom.
Español:
Había escrito la carta antes de que ella llegara.
Aquí el paralelismo parece nuevamente cómodo.
Pero lo verdaderamente importante no es memorizar:
hadde skrevet = había escrito.
Lo importante es comprender la geometría temporal.
Tenemos un acontecimiento en el pasado:
ella llegó.
Y otro acontecimiento ocurrió antes:
yo había escrito la carta.
Por tanto, ya no estamos comparando únicamente cada acontecimiento con el momento actual.
Estamos comparando dos puntos dentro del pasado.
Necesitamos tres coordenadas, no sólo pasado-presente-futuro
Una manera poderosa de analizar estas relaciones consiste en distinguir:
S — speech time: momento del habla.
E — event time: momento o intervalo del acontecimiento.
R — reference time: punto o intervalo de referencia desde el que organizamos temporalmente la situación.
En una oración sencilla, estas coordenadas pueden parecer innecesarias.
Pero en cuanto aparece:
había escrito
hadde skrevet
habrá escrito
skulle ha skrevet
la tercera coordenada deja de ser lujo teórico.
Se convierte en la pieza que explica la estructura.
«Antes» no significa necesariamente «antes de ahora»
Este punto es fundamental.
Un acontecimiento puede ser anterior:
al momento del habla,
a otro acontecimiento pasado,
a una fecha futura,
a una expectativa situada en el pasado.
Por tanto, anterioridad y pasado no son sinónimos.
Un acontecimiento incluso puede estar en nuestro futuro y, al mismo tiempo, ser anterior a otro punto futuro.
Eso nos lleva al futuro perfecto.
Antes de llegar allí, necesitamos entender el futuro noruego
Ya vimos:
Jeg reiser i morgen.
Pero también encontramos:
Jeg skal reise.
Jeg kommer til å reise.
Y, en determinados contextos:
Jeg vil reise.
Todas estas construcciones pueden relacionarse con el futuro.
Pero no son intercambiables en cualquier situación.
Y aquí el español ofrece una comparación excelente.
El español tampoco tiene un único «botón de futuro»
Podemos decir:
Lo haré mañana.
Lo hago mañana.
Voy a hacerlo mañana.
Incluso:
Estaré allí mañana.
Cada construcción organiza el futuro de manera ligeramente diferente.
Hay diferencias de planificación, perspectiva, registro, inferencia, intención o estructura discursiva según el caso.
Por tanto, si el noruego usa varias estrategias, no significa que su gramática sea defectuosa o incompleta.
Significa que la categoría semántica de futuro se distribuye entre distintos recursos.
Skal no es simplemente el equivalente noruego de -ré
En:
hablaré
el futuro está morfológicamente integrado en la forma verbal.
En:
skal snakke
tenemos una construcción con skal.
Pero skal es un verbo modal.
Puede interactuar con valores de:
plan,
intención,
obligación,
expectativa,
lo previsto,
lo que debe ocurrir,
dependiendo del contexto.
Por eso:
skal + infinitivo
es una herramienta importantísima para hablar del futuro, pero no debemos reducir skal a una terminación futura escrita como palabra independiente.
Su historia gramatical y su comportamiento son más ricos.
Vil tampoco es un simple marcador de futuro
vil puede participar en expresiones orientadas hacia el futuro.
Pero también conserva importantes dimensiones modales relacionadas, según contexto, con voluntad, deseo, disposición, predicción y otros matices.
Esto revela algo fundamental:
futuro y modalidad están muy cerca uno del otro en muchas lenguas.
¿Por qué?
Porque el pasado puede presentarse como hecho conocido.
El presente puede observarse.
El futuro, en cambio, todavía no se ha realizado desde la perspectiva actual.
Hablar de él implica con frecuencia:
predicción,
intención,
plan,
obligación,
probabilidad,
expectativa.
Por eso no sorprende que las lenguas utilicen recursos modales para construir referencia futura.
El español también conserva rastros de esa historia
El futuro romance tiene una historia fascinante: las formas modernas proceden históricamente de construcciones perifrásticas relacionadas con el infinitivo y formas de haber.
Lo que hoy percibimos como una forma compacta:
hablaré
es el resultado de un proceso de gramaticalización.
Esto nos recuerda algo importante:
la frontera entre:
palabra
y:
construcción gramatical
puede cambiar históricamente.
La gramática no nació como una tabla terminada.
Entonces, ¿una forma sintética es «más tiempo» que una perífrasis?
No.
Que una lengua exprese una relación mediante una sola palabra y otra mediante varias no significa que la primera tenga una relación temporal «más real».
Comparemos:
hablaré
y:
skal snakke.
La diferencia morfológica es importante.
Pero no podemos concluir:
español tiene futuro; noruego no tiene futuro.
Eso confundiría:
tener una forma sintética específica
con:
tener recursos gramaticales y semánticos para expresar futuricidad.
Ahora sí: futuro desde el pasado
Noruego:
Han sa at han skulle komme.
Español:
Dijo que vendría.
Aquí el español ofrece una comparación especialmente interesante.
vendría pertenece a una zona que la tradición gramatical española ha relacionado con el condicional, pero que también puede funcionar como futuro del pasado.
Eso significa que el propio español ya nos enseña que una forma puede ocupar la frontera entre:
tiempo
y:
modalidad.
Dijo que vendría
Observemos la arquitectura.
Primero:
dijo.
Ese es nuestro punto pasado.
Desde ese punto, la llegada todavía está por venir.
Por tanto:
vendría
es futura respecto de una referencia pasada.
Quizá, desde el momento actual, esa llegada ya ocurrió.
Eso no importa.
Desde la perspectiva interna de dijo, todavía era futura.
Noruego:
Han sa at han skulle komme.
funciona sobre una geometría temporal comparable, aunque no debemos identificar mecánicamente todos los usos de skulle con el condicional español.
Una misma situación puede ser pasada y futura
Supongamos:
El lunes, Ana dijo que llegaría el viernes.
Hoy es domingo.
La llegada del viernes está en el pasado respecto de hoy.
Pero estaba en el futuro respecto del lunes.
Por tanto, preguntar:
«¿La llegada está en pasado o futuro?»
sin especificar el punto de referencia es insuficiente.
La respuesta es:
depende de respecto a qué punto.
Eso es precisamente lo que la noción de referencia temporal nos permite expresar.
Aquí aparece la arquitectura oficial noruega
En la terminología gramatical presentada por Språkrådet, la organización puede verse mediante dos grandes sistemas:
presenssystemet
y:
preteritumsystemet.
Empecemos por el núcleo:
| Presenssystemet | Preteritumsystemet |
|---|---|
| skriver | skrev |
Añadimos anterioridad/perfecto:
| Presenssystemet | Preteritumsystemet |
|---|---|
| har skrevet | hadde skrevet |
Añadimos futuro respecto del sistema correspondiente:
| Presenssystemet | Preteritumsystemet |
|---|---|
| skal skrive | skulle skrive |
Y finalmente combinamos futuro y perfecto:
| Presenssystemet | Preteritumsystemet |
|---|---|
| skal ha skrevet | skulle ha skrevet |
Ahora podemos construir el cuadro completo.
De aquí salen los famosos ocho
| Presenssystemet | Preteritumsystemet |
|---|---|
| presens: skriver | preteritum: skrev |
| presens perfektum: har skrevet | preteritum perfektum: hadde skrevet |
| presens futurum: skal skrive | preteritum futurum: skulle skrive |
| presens futurum perfektum: skal ha skrevet | preteritum futurum perfektum: skulle ha skrevet |
Aquí tenemos una clasificación sistemática de ocho categorías de grupos verbales finitos.
Y de aquí puede salir perfectamente la respuesta:
ocho.
Pero acabamos de descubrir por qué decir simplemente:
«El noruego tiene ocho tiempos»
todavía necesita explicación.
¿Cómo pueden ser correctos dos y ocho?
Porque estamos contando en niveles diferentes.
Si contamos la oposición temporal morfológica fundamental de la forma finita:
presens ↔ preteritum
obtenemos un núcleo de dos.
Si utilizamos la arquitectura más amplia de grupos verbales finitos que combina los sistemas de presente y pretérito con relaciones de perfecto y futuro:
obtenemos ocho categorías.
No hay contradicción.
Hay dos preguntas diferentes disfrazadas de la misma pregunta.
¿Y cuatro?
Un curso puede enseñar como grandes bloques:
presens
preteritum
presens perfektum
preteritum perfektum
y hablar pedagógicamente de cuatro tiempos o formas temporales principales en determinado nivel.
Eso puede ser útil.
El problema aparece únicamente si confundimos:
la organización didáctica de un curso
con:
la única ontología posible de la gramática noruega.
¿Y seis?
Otra descripción puede incorporar determinadas construcciones futuras y obtener seis.
Antes de decidir si la cifra es correcta o incorrecta, necesitamos ver:
qué seis unidades se han contado.
La cifra sola no contiene el análisis.
El español demuestra exactamente por qué necesitamos esta precaución
¿Cuántos tiempos tiene el español?
Parece una pregunta mucho más fácil.
Hasta que preguntamos:
¿Sólo indicativo?
¿Incluimos subjuntivo?
¿Contamos formas simples y compuestas?
¿Tratamos el condicional como tiempo, modo o una categoría situada en una zona teórica más compleja?
¿Incluimos construcciones perifrásticas?
¿Contamos formas o valores?
¿Estamos describiendo la terminología escolar tradicional o una teoría lingüística determinada?
De repente, incluso una lengua cuya conjugación parece extraordinariamente visible deja de producir una cifra completamente inocente.
Los nombres tradicionales tampoco son la realidad misma
Una etiqueta como:
pretérito perfecto compuesto
es útil.
Pero el nombre no contiene automáticamente todos los patrones reales de uso de:
he hablado.
Lo mismo ocurre con:
pretérito perfecto simple
hablé
o:
pretérito imperfecto
hablaba.
La terminología organiza fenómenos.
No sustituye al análisis de esos fenómenos.
Por eso aprender nombres gramaticales no es lo mismo que comprender la gramática.
Hablar de pasado no significa usar una única perspectiva del pasado
Comparemos en español:
Ayer escribí durante dos horas.
Cuando era niño, escribía todos los días.
Ya había escrito la carta cuando llegó.
Todo está relacionado con el pasado.
Pero las relaciones aspectuales y temporales son diferentes.
La riqueza del español nos permite ver con especial claridad que:
pasado cronológico
no es una categoría gramatical única y homogénea.
Entonces no deberíamos exigir que el noruego tenga una sola casilla llamada «pasado» que haga exactamente el mismo trabajo.
Aquí entra el aspecto
El aspecto responde a preguntas distintas de la simple localización temporal.
¿Cómo presentamos internamente la situación?
¿Como proceso?
¿Como acontecimiento delimitado?
¿Como hábito?
¿Como estado?
¿Como acción en desarrollo?
¿Como resultado?
¿Como repetición?
El español posee contrastes que hacen esta dimensión especialmente visible.
Hablé y hablaba no son simplemente dos fechas diferentes
Comparemos:
Hablé con ella.
Hablaba con ella.
La diferencia no puede explicarse diciendo simplemente que una acción ocurrió «más en el pasado» que la otra.
Estamos cambiando la manera en que conceptualizamos la situación.
La oposición entre pretérito e imperfecto interactúa profundamente con la aspectualidad y la estructura narrativa.
Por eso un hispanohablante puede cometer el error inverso al aprender noruego:
buscar una forma noruega específica que corresponda exactamente a cada contraste español.
No existe obligación de que haya una casilla noruega para cada casilla española
Una lengua puede hacer gramaticalmente explícita una distinción que otra deja al contexto.
Otra puede lexicalizar algo que la primera gramaticaliza.
Otra puede utilizar una perífrasis.
Otra puede reorganizar la oposición completamente.
Por tanto:
hablaba ≠ una casilla universal que toda lengua debe poseer.
Y:
hablé ≠ otra casilla universal.
Son partes de la arquitectura española.
El noruego tiene que ser entendido desde su propia arquitectura.
¿Significa esto que el noruego no expresa aspecto?
No.
Sería otra conclusión demasiado fuerte.
Que el noruego no tenga una oposición morfológica idéntica a la española no significa que sea incapaz de expresar:
duración,
proceso,
resultado,
habitualidad,
inicio,
finalización,
repetición.
La aspectualidad existe.
Lo que cambia es hasta qué punto y mediante qué recursos está gramaticalizada.
Lo mismo ocurre con el inglés
Inglés:
I write.
I am writing.
Noruego:
Jeg skriver.
Español:
Escribo.
Estoy escribiendo.
Tres lenguas pueden describir una situación en desarrollo, pero no están obligadas a dividir exactamente igual el espacio entre formas simples y construcciones progresivas.
La capacidad semántica no se mide contando casillas morfológicas.
Volvamos al perfecto: aquí hay otra trampa española
Un estudiante puede intentar establecer:
har skrevet = he escrito
hadde skrevet = había escrito
skal ha skrevet = habré escrito
skulle ha skrevet = habría escrito
La tabla parece preciosa.
Y como primera orientación puede ser útil.
Pero sería peligroso convertirla en una equivalencia absoluta.
¿Por qué?
Porque las formas españolas y las construcciones noruegas poseen sus propios patrones de distribución, modalidad, temporalidad y pragmática.
Especialmente en las zonas de futuro, condicionalidad e inferencia, las correspondencias pueden cambiar según contexto.
Habrá llegado no siempre habla simplemente del futuro
Consideremos el español:
Ya habrá llegado.
Esta oración puede utilizar el futuro compuesto con un valor de conjetura sobre una situación que, cronológicamente, puede ser ya anterior al momento de habla.
Eso es extraordinariamente importante.
Una forma tradicionalmente llamada futuro puede participar en una interpretación que no consiste simplemente en colocar un acontecimiento después de ahora.
¿Por qué?
Porque tiempo y modalidad pueden interactuar.
El español vuelve a destruir la idea de que el nombre de una forma equivale a una única coordenada cronológica.
Y el futuro simple tampoco es sólo futuro
Serán las ocho.
No significa necesariamente:
«En el futuro serán las ocho».
Puede significar aproximadamente:
«Supongo que son las ocho».
Tenemos un uso modal o epistemológico del futuro.
Así que un hispanohablante ya conoce, dentro de su propia lengua, el fenómeno que necesita para entender mejor construcciones noruegas con elementos como vil y skal:
una forma relacionada con el futuro puede hacer también trabajo modal.
El condicional español ofrece todavía más evidencia
Sería Juan.
Según el contexto, no tenemos necesariamente una condición explícita.
Podemos tener una inferencia o conjetura situada en una determinada perspectiva temporal.
Por tanto, las fronteras entre:
tiempo
modo
modalidad
evidencialidad/inferencia
pueden ser mucho menos limpias en el uso real que en una tabla escolar.
Eso no invalida la tabla.
Nos dice hasta dónde llega.
¿Y skulle?
Precisamente por eso no debemos traducir automáticamente:
skulle = habría / debería / iba a / tendría que
como si existiera una única equivalencia.
skulle puede intervenir en diferentes configuraciones:
Han sa at han skulle komme.
Jeg skulle gjøre det.
y muchas otras.
La interpretación depende de la estructura y del contexto.
La forma no llega sola con una traducción española pegada.
Llega con un espacio de posibilidades gramaticales.
Ahora el futuro perfecto noruego
Jeg skal ha skrevet rapporten innen fredag.
Podemos traducir:
Para el viernes habré escrito el informe.
Aquí la comparación con el español es especialmente transparente.
Tenemos una referencia futura:
el viernes.
Y la escritura debe ser anterior a esa referencia.
Así que:
el acontecimiento es futuro respecto de ahora,
pero anterior respecto del viernes.
¿Pasado o futuro?
La pregunta vuelve a ser demasiado simple.
Es:
posterior a S, anterior a R.
Ahí está la geometría.
Y ahora desplazamos todo el sistema hacia el pasado
Han sa at han skulle ha skrevet rapporten innen fredag.
Aquí tenemos una perspectiva pasada.
Desde ella proyectamos un punto posterior.
Y respecto de ese punto, otro acontecimiento debe ser anterior.
La etiqueta:
preteritum futurum perfektum
parece monstruosa sólo mientras intentamos memorizarla como una palabra indivisible.
Cuando vemos las relaciones:
perspectiva pasada → posterioridad → anterioridad respecto de la nueva referencia
el término deja de ser una lista de sílabas.
Se convierte en descripción.
Esto revela algo precioso sobre las ocho categorías
En realidad, no necesitamos aprender ocho mecanismos completamente independientes.
Podemos aprender una arquitectura combinatoria.
Primero:
¿estamos dentro del presenssystemet o del preteritumsystemet?
Después:
¿hay anterioridad/perfecto?
Después:
¿hay posterioridad/futuro respecto de la referencia?
Después:
¿se combinan ambas relaciones?
Entonces las ocho casillas dejan de ser ocho habitaciones cerradas.
Son posiciones previsibles dentro de un sistema.
La gramática se vuelve más pequeña cuando la entendemos mejor
Esto puede parecer paradójico.
Una explicación profunda añade conceptos.
Pero al mismo tiempo elimina reglas aisladas.
Sin modelo:
har skrevet — memorizar.
hadde skrevet — memorizar.
skal skrive — memorizar.
skulle skrive — memorizar.
skal ha skrevet — memorizar.
skulle ha skrevet — memorizar.
Con modelo, muchas de esas formas dejan de ser seis hechos independientes.
Se convierten en combinaciones comprensibles.
La explicación se hace más profunda.
La memoria necesaria se hace más pequeña.
¿Y el subjuntivo?
Aquí el contraste con el español es enorme.
Español:
Quiero que venga.
Dudo que venga.
Si hubiera venido…
Aunque sea verdad…
El subjuntivo constituye una parte central y productiva de la gramática española.
Un hispanohablante podría preguntar:
¿Dónde está el equivalente noruego de todo este sistema?
La respuesta correcta no es buscar una tabla noruega con el mismo número de casillas.
El noruego no necesita copiar el subjuntivo español para expresar sus significados
El noruego moderno no posee un paradigma productivo de subjuntivo comparable al español contemporáneo.
Pero puede expresar:
deseo,
hipótesis,
irrealidad,
condición,
duda,
posibilidad,
evaluación,
mediante otros recursos.
De nuevo:
ausencia de una categoría morfológica equivalente ≠ ausencia de los significados que esa categoría puede expresar.
Esta idea vale para el subjuntivo.
Vale para el futuro.
Vale para el aspecto.
Y vale para casi toda comparación seria entre lenguas.
¿El pasivo crea más tiempos?
No.
Comparemos:
Brevet skrives.
Brevet ble skrevet.
La voz cambia la organización entre el acontecimiento y sus participantes.
Puede combinarse con la temporalidad.
Pero voz y tiempo siguen siendo dimensiones diferentes.
Si contáramos cada combinación de tiempo y voz como un tiempo nuevo, multiplicaríamos artificialmente el inventario.
¿Y la negación?
Jeg skriver.
Jeg skriver ikke.
No hemos descubierto un «presente negativo» como nuevo tiempo.
Hemos cambiado la polaridad.
Lo mismo:
Jeg skrev.
Jeg skrev ikke.
La gramática contiene varias dimensiones simultáneas.
Que dos propiedades aparezcan en la misma oración no las convierte en una sola categoría.
¿Y las preguntas?
Du har skrevet brevet.
Har du skrevet brevet?
La organización interrogativa cambia.
La relación temporal central de la construcción no se convierte por ello en un nuevo tiempo.
Esto parece obvio.
Pero precisamente esa obviedad nos enseña a no contar como «tiempo» cualquier diferencia que encontremos alrededor del verbo.
¿Y el infinitivo?
å skrive
no significa por sí mismo:
ayer,
ahora
o mañana.
Comparemos:
Jeg liker å skrive.
Jeg begynte å skrive.
Jeg skal skrive.
El infinitivo participa en construcciones con interpretaciones temporales diferentes.
Por tanto:
una forma del paradigma verbal no es automáticamente un tiempo verbal.
¿Y skrevet?
Lo mismo.
skrevet aparece en:
har skrevet
hadde skrevet
skal ha skrevet
skulle ha skrevet
La misma forma no finita participa en diferentes configuraciones temporales.
Eso demuestra dos principios complementarios:
una forma no equivale necesariamente a un tiempo
y:
un tiempo o una relación temporal no tiene por qué expresarse mediante una sola forma.
¿El presente siempre significa ahora?
Tampoco.
Noruego:
Jeg jobber hver mandag.
No estamos describiendo un único acontecimiento simultáneo con el habla.
Expresamos habitualidad.
Vann fryser ved bestemte temperaturforhold.
Podemos expresar una generalización.
Jeg reiser i morgen.
Podemos expresar futuro.
Y en narración podemos encontrar historisk presens, donde el presente introduce acontecimientos situados narrativamente en el pasado.
Así que incluso la palabra presente es mucho más rica de lo que su nombre parece sugerir.
El español hace exactamente lo mismo
Trabajo los lunes.
Habitual.
El agua hierve a determinada temperatura bajo determinadas condiciones.
Generalización.
Mañana salgo temprano.
Futuro.
Y en narración:
Entonces entra el hombre, mira a todos y dice…
Los acontecimientos pueden pertenecer a un relato pasado, pero el presente los acerca discursivamente.
Por tanto, el problema no es que el noruego sea extraño.
El problema es que los nombres escolares nos hacen olvidar cuánto hace nuestra propia lengua fuera de la definición más sencilla.
¿Entonces las etiquetas gramaticales son inútiles?
En absoluto.
Necesitamos términos como:
presens
preteritum
perfektum
futurum
porque nos permiten hablar con precisión.
El error aparece cuando confundimos:
el nombre de una categoría
con:
una definición exhaustiva de todos sus usos.
Una buena etiqueta es un punto de acceso a un sistema.
No es el sistema completo.
¿Por qué los manuales simplifican?
Porque nadie puede aprender una lengua empezando por todas sus interacciones posibles.
Un principiante necesita modelos manejables.
Puede ser perfectamente razonable enseñar:
presens
después:
preteritum
después:
presens perfektum
y más tarde introducir las diferentes estrategias de futuro.
El problema no es simplificar.
El problema es olvidar que simplificamos.
Una regla inicial puede ser correcta sin ser definitiva
Por ejemplo:
skal + infinitivo se usa para hablar del futuro.
Útil.
Más adelante descubrimos:
presens + expresión temporal
kommer til å
vil
y los distintos valores modales de skal.
¿Significa que la primera regla era falsa?
No necesariamente.
Significa que tenía baja resolución.
Aprender bien una lengua consiste, en parte, en aumentar gradualmente esa resolución.
El peor resultado es convertir cada nueva observación en una excepción
Si nuestra única regla es:
presens = ahora
entonces:
Jeg reiser i morgen
se convierte en excepción.
Si nuestra regla es:
skal = futuro
entonces cada futuro sin skal se convierte en excepción.
Si:
har skrevet = he escrito
cada contexto donde las distribuciones española y noruega diverjan se convierte en excepción.
Si:
skulle = condicional
cada uso no condicional se convierte en excepción.
Pronto tenemos una lengua formada por una regla y cincuenta excepciones.
Pero quizá el problema no esté en la lengua
Quizá esté en la resolución de nuestra primera regla.
Una mejor arquitectura explica simultáneamente:
por qué presens puede tener referencia futura;
por qué perfect no es simplemente pasado;
por qué future y modality interactúan;
por qué una perspectiva pasada puede contener su propio futuro;
por qué formas distintas pueden describir relaciones temporales similares;
y por qué una traducción correcta puede ocultar una diferencia estructural.
Entonces muchas «excepciones» desaparecen.
No porque las hayamos borrado.
Porque hemos construido una categoría capaz de contenerlas.
¿Cuántos tiempos podemos fabricar si contamos todo?
Muchísimos.
Podemos multiplicar:
tiempo,
perfecto,
futuro,
voz,
modalidad,
polaridad,
aspectualidad,
tipo de oración,
distintas perífrasis.
Muy pronto tendremos decenas de combinaciones.
Pero eso no significa que el noruego tenga decenas de tiempos.
Significa que una oración puede ocupar varias coordenadas gramaticales simultáneamente.
Una lengua no es una línea: es un espacio multidimensional
Podemos imaginar varias dimensiones.
Una:
orientación temporal.
Otra:
anterioridad.
Otra:
posterioridad respecto de un punto de referencia.
Otra:
aspectualidad.
Otra:
modalidad.
Otra:
voz.
Otra:
estructura informativa y discursiva.
Una expresión concreta resulta de la interacción de varias de ellas.
El error consiste en proyectarlas todas sobre una única línea llamada:
tiempo verbal.
Entonces, ¿por qué el noruego parece tener «menos»?
Porque el español hace visible morfológicamente una gran cantidad de contrastes.
El verbo español cambia mucho.
hablo
hablaba
hablé
hablaré
hablaría
hable
hablara
hablase
hablare, históricamente y en usos residuales especializados,
más las formas compuestas.
El noruego moderno distribuye buena parte de su gramática de otra manera.
Eso puede producir una impresión de simplicidad.
Pero simplicidad morfológica no equivale a simplicidad semántica.
Tampoco equivale a pobreza
Esta conclusión merece ser explícita.
Una lengua no es más precisa porque tenga más terminaciones.
No es menos expresiva porque utilice más contexto.
No es más lógica porque gramaticalice una categoría.
No es menos lógica porque deje esa información a una construcción perifrástica.
Las lenguas distribuyen la información de maneras diferentes.
La complejidad que desaparece de una zona puede aparecer en otra.
¿Puede una lengua no marcar algo y aun así comunicarlo perfectamente?
Sí.
Todo el tiempo.
El español no tiene que marcar gramaticalmente en cada sustantivo la misma información que otras lenguas.
El noruego no tiene que construir el aspecto exactamente como el español.
El chino no necesita una conjugación verbal del tipo español para hablar del pasado o del futuro.
La pregunta correcta nunca es:
«¿Cómo puede esa lengua vivir sin nuestra categoría?»
Sino:
«¿Qué recursos utiliza para hacer el trabajo que nosotros distribuimos de otra manera?»
Esto cambia también la manera de traducir
Una traducción excelente no conserva necesariamente la misma estructura gramatical.
De hecho, muchas veces no debe conservarla.
Noruego:
Jeg reiser i morgen.
Español:
Mañana viajo.
Viajo mañana.
Mañana me voy.
Mañana salgo.
Viajaré mañana.
La elección depende del contexto.
No buscamos una equivalencia entre casillas.
Buscamos una equivalencia suficientemente precisa entre significados, funciones y situaciones.
Por eso «¿qué significa esta forma?» a veces es una pregunta demasiado pequeña
Una forma no vive sola.
Quizá necesitamos preguntar:
¿en qué construcción aparece?
¿cuál es el punto de referencia?
¿qué ya sabemos por el contexto?
¿hay modalidad?
¿hay anterioridad?
¿hay una expresión temporal explícita?
¿qué tipo de situación describe el verbo?
¿qué contraste está activando el hablante?
La respuesta correcta puede estar distribuida por toda la oración.
Ahora podemos volver a la pregunta inicial
¿Cuántos tiempos tiene realmente el noruego?
Ya no necesitamos elegir desesperadamente entre:
2
4
6
8.
Podemos explicar qué significa cada tipo de respuesta.
Si hablamos del núcleo de oposición temporal morfológica de las formas finitas, la distinción central es:
presens ↔ preteritum.
Si hablamos de la arquitectura sistemática más amplia de grupos verbales finitos organizada entre presenssystemet y preteritumsystemet, podemos describir las ocho categorías que hemos visto.
Los manuales pueden agruparlas pedagógicamente de otras maneras.
Y los recursos reales para expresar relaciones temporales son todavía más numerosos.
Por eso la respuesta más precisa no es un número
Es una pregunta:
¿Qué estás contando?
¿Formas morfológicas?
¿Grupos verbales finitos?
¿Categorías tradicionales?
¿Construcciones perifrásticas?
¿Valores temporales?
¿Formas simples y compuestas?
¿También modalidad?
¿También aspecto?
¿La organización de un manual?
¿Una teoría lingüística concreta?
Sólo cuando sabemos eso, el número empieza a tener significado.
Y aquí el español nos ha llevado mucho más lejos de lo que parecía
Empezamos pensando que el español era simplemente una lengua con «muchos tiempos» y el noruego una lengua con «pocos».
Terminamos descubriendo que el español mismo contiene las pruebas de que esa comparación es insuficiente.
Mañana voy.
Presente con futuro.
Serán las ocho.
Futuro con valor modal.
Dijo que vendría.
Una forma tradicionalmente asociada al condicional funcionando como futuro desde una perspectiva pasada.
Ya habrá llegado.
Futuro perfecto capaz de participar en una inferencia sobre una situación anterior.
Hablé / hablaba.
Dos formas pasadas que no se explican simplemente por dos posiciones diferentes en el calendario.
El español no es una simple línea temporal.
¿Por qué iba a serlo el noruego?
La pregunta que parecía cuantitativa era en realidad conceptual
Queríamos saber:
cuántos tiempos.
Pero para responder tuvimos que descubrir:
qué es una forma verbal;
qué significa finitud;
qué diferencia hay entre tiempo cronológico y tiempo gramatical;
qué hace el perfecto;
qué es la referencia temporal;
cómo aparece el futuro;
por qué futuro y modalidad se cruzan;
qué papel desempeña el aspecto;
por qué una forma puede tener varios usos;
y por qué dos lenguas pueden describir la misma realidad con arquitecturas completamente diferentes.
Ese recorrido no complica la respuesta.
La hace estable.
Porque una explicación está terminada cuando sobrevive a la siguiente pregunta
Si decimos:
«El noruego tiene dos tiempos»
y el alumno pregunta:
«¿Entonces cómo expresa el futuro?»
la explicación todavía no estaba terminada.
Si añadimos:
«Tiene futuro con skal»
y pregunta:
«¿Entonces por qué se dice Jeg reiser i morgen?»
todavía no.
Si respondemos y pregunta:
«¿Y qué diferencia hay entre skal, vil y kommer til å?»
seguimos.
Si después pregunta:
«¿Y por qué skulle puede ser futuro desde el pasado y también tener valores modales?»
la misma arquitectura debe poder seguir funcionando.
Una buena explicación no necesita impedir nuevas preguntas.
Necesita hacer que las nuevas preguntas profundicen la misma estructura en lugar de destruirla.
Esa es la verdadera utilidad de una gramática
No memorizar todas las frases que algún día podríamos encontrar.
Eso sería imposible.
La meta es construir una representación suficientemente precisa para poder enfrentarnos a una frase nueva.
Cuando aparece:
skulle ha skrevet
no necesitamos haber memorizado exactamente esa oración.
Podemos reconstruir:
la perspectiva,
la posterioridad,
la anterioridad,
la función de los auxiliares,
la posible dimensión modal,
y el contexto.
Eso es conocimiento transferible.
Entonces, ¿dos, cuatro, seis u ocho?
Todos esos números pueden aparecer en descripciones diferentes.
Ninguno debería aceptarse sin preguntar por el criterio.
Para el núcleo morfológico:
presens y preteritum son fundamentales.
Para la arquitectura ampliada de grupos verbales finitos:
la matriz de presenssystemet / preteritumsystemet permite organizar ocho categorías.
Para la enseñanza:
pueden utilizarse agrupaciones más pequeñas.
Para el uso real:
las estrategias temporales, aspectuales y modales son mucho más numerosas que cualquier cifra sencilla.
La contradicción desaparece cuando dejamos de contar antes de definir.
Y quizá ésta sea la respuesta más importante
El noruego no tiene «menos tiempo» que el español.
Tiene una distribución diferente de la información temporal.
El español nos acostumbra a encontrar una enorme cantidad de información dentro de la morfología verbal.
El noruego nos obliga con mayor frecuencia a mirar la construcción completa.
Eso no es una carencia.
Es otra arquitectura.
Y aprender noruego de verdad empieza cuando dejamos de preguntar únicamente:
«¿Qué forma noruega corresponde a esta forma española?»
y empezamos a preguntar:
«¿Cómo construye el noruego esta relación temporal?»
En ese momento dejamos de traducir una tabla.
Empezamos a entender una lengua.
Seguir viendo el noruego desde dentro
En el artículo anterior de esta serie analizamos una pregunta aparentemente mucho más pequeña —på telefon frente a i telefonen— y vimos exactamente el mismo fenómeno: dos lenguas pueden organizar una misma situación mediante relaciones gramaticales diferentes sin que una de ellas sea una traducción defectuosa de la otra.
«På telefon» o «i telefonen»: por qué el noruego puede describir una misma llamada de dos maneras
El estudio original en inglés desarrolla la cuestión temporal desde otra perspectiva, distinguiendo time, tense, verb form y finite verb phrase:
How Many Tenses Does Norwegian Really Have? The Question Is Harder Than the Number
Aprender noruego en Levitin School
Artículos sobre la lengua noruega
Tymur Levitin
Fundador y experto principal en idiomas de Levitin School
En mi trabajo con las lenguas, me interesa comprender cómo se construye el significado: qué mecanismo hay detrás de una forma, qué cambia cuando elegimos otra y qué parte de nuestra intuición procede realmente de nuestra lengua materna. El objetivo no es acumular reglas aisladas, sino construir un modelo que siga funcionando cuando aparezca una frase que nunca hemos visto antes.
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