¿Cuánto tiempo se tarda en aprender alemán?
La pregunta parece pedir una cifra.
¿Tres meses?
¿Seis meses?
¿Un año?
¿Dos años?
Pero antes de buscar una respuesta en el calendario hay que resolver un problema más importante:
¿Qué significa exactamente “aprender alemán” para esa persona?
Para alguien puede significar poder desenvolverse después de mudarse a Alemania.
Para otra persona, participar en reuniones profesionales.
Para otra, estudiar en una universidad.
Para otra, conversar con familiares o amigos sin depender constantemente del inglés.
Y para otra, utilizar el alemán como lengua de trabajo en ingeniería, ciencias, economía u otra disciplina.
Todas pueden formular el mismo objetivo:
«Quiero aprender alemán».
Sin embargo, no están intentando llegar al mismo lugar.
Por eso, el tiempo necesario para aprender alemán no puede medirse correctamente hasta que definamos qué debe permitirnos hacer el idioma.
Un idioma no es un depósito que se llena
Existe una forma intuitiva, pero engañosa, de imaginar el aprendizaje.
Al principio sabemos 0 % de alemán.
Después acumulamos palabras, reglas y estructuras.
20 %.
40 %.
70 %.
Hasta que algún día el depósito se llena y podemos decir:
«Ya sé alemán».
El aprendizaje real no funciona así.
Una persona puede comprender mucho y hablar poco.
Puede conversar con bastante soltura sobre su vida cotidiana y no entender una reunión profesional.
Puede leer textos complejos y tener dificultades para responder rápidamente en una conversación.
Puede conocer una regla gramatical perfectamente y no utilizarla cuando dispone de dos segundos para construir una frase.
Por eso resulta más útil imaginar el aprendizaje de otra manera.
Aprender alemán significa ampliar progresivamente el territorio en el que podemos actuar mediante el alemán.
Al principio ese territorio es pequeño.
Después crece.
Y no crece igual en todas las direcciones.
La pregunta correcta no es solo «¿cuánto sé?»
Imaginemos a una persona que puede:
- presentarse;
- pedir comida;
- preguntar una dirección;
- hacer una compra;
- explicar un problema sencillo;
- comprender mensajes básicos.
Eso ya es alemán funcional.
Ahora coloquemos a la misma persona en una situación distinta.
Tiene que:
- explicar por qué una solución técnica no funcionará;
- discrepar sin sonar agresiva;
- comprender una condición contractual;
- seguir una discusión entre varios hablantes;
- distinguir una hipótesis de una afirmación;
- responder a una objeción inesperada.
De repente, su territorio lingüístico se reduce.
No ha olvidado alemán.
Simplemente ha entrado en una zona para la que todavía no dispone de suficientes recursos.
Por eso una medición mucho más útil es:
¿En cuántas situaciones puedo funcionar ya en alemán sin que el idioma sea el principal obstáculo?
Dos personas pueden estudiar durante un año y recorrer distancias completamente diferentes
Decir:
«Llevo un año estudiando alemán»
aporta muy poca información.
Durante ese año, una persona puede haber estudiado veinte minutos algunos fines de semana.
Otra puede haber tenido contacto diario con el idioma.
Una puede haber completado cientos de ejercicios de reconocimiento.
Otra puede haber tenido que hablar, reformular, corregirse y resolver situaciones reales.
Una puede haber aprendido principalmente vocabulario general.
Otra puede haber trabajado desde el principio con el alemán necesario para su profesión.
El calendario mide cuánto tiempo ha pasado.
No mide automáticamente cuánto ha cambiado la capacidad lingüística.
Las horas tampoco son todas equivalentes
Supongamos ahora que dos estudiantes han dedicado exactamente 300 horas al alemán.
¿Deberían obtener resultados similares?
No necesariamente.
En esas 300 horas puede haber ocurrido algo muy distinto.
El primer estudiante:
- recibió explicaciones;
- recuperó información de memoria;
- habló;
- cometió errores;
- recibió feedback;
- volvió a intentarlo;
- utilizó las mismas estructuras en contextos diferentes.
El segundo:
- leyó;
- escuchó;
- subrayó;
- reconoció respuestas correctas;
- repasó listas;
- tuvo poco que producir de forma independiente.
Ambos tuvieron contacto con el alemán.
Pero contacto, práctica y aprendizaje no son sinónimos.
Ver una palabra cien veces no garantiza poder recordarla una vez
Esta diferencia aparece constantemente en el vocabulario.
Leemos una palabra y pensamos:
«Sí, la conozco».
Probablemente sea cierto.
La reconocemos.
Pero horas después necesitamos esa misma palabra durante una conversación y no aparece.
¿Qué ha pasado?
Nada extraño.
Reconocer una información que ya está delante de nosotros es una tarea.
Recuperarla sin ayuda es otra.
Utilizarla correctamente dentro de una frase es otra.
Elegirla en lugar de tres alternativas posibles es otra.
Y hacerlo con rapidez durante una conversación real es otra más.
Por eso una palabra no pasa simplemente de:
no conocida → conocida
Puede recorrer una secuencia mucho más larga:
vista → reconocida → comprendida → recordada → producida → utilizada con precisión → disponible espontáneamente
El tiempo de aprendizaje depende también de hasta dónde necesitamos llevar cada elemento.
Entender una explicación tampoco significa poder utilizarla
Lo mismo sucede con la gramática.
El profesor explica una construcción.
Todo tiene sentido.
El alumno responde correctamente a los ejercicios.
Parece que el problema está resuelto.
Pero en una conversación espontánea vuelve a utilizar la estructura anterior.
Esto no demuestra que la explicación haya fracasado.
Demuestra que comprender una decisión y poder tomarla en tiempo real son dos niveles distintos.
Entre ambos puede existir un proceso:
comprensión → reconstrucción → producción controlada → recuperación → automatización → transferencia
Si medimos únicamente cuántos temas han sido explicados, confundimos el recorrido del programa con el recorrido del alumno.
Una clase no debería medirse por la cantidad de material presentado
Es posible tener una clase llena de contenido.
Veinte palabras nuevas.
Dos reglas.
Un texto.
Una estructura.
Tres páginas de ejercicios.
La sensación de productividad puede ser enorme.
Pero existe otra pregunta:
¿Qué podrá hacer el estudiante mañana de forma independiente gracias a esta clase?
Tal vez la mejor clase no sea aquella en la que se introdujo más información.
Puede ser aquella en la que una distinción que antes era inestable se volvió clara.
O aquella en la que una estructura conocida pasó por primera vez a la producción espontánea.
O aquella en la que el alumno descubrió por qué repetía el mismo error.
Por eso las clases de alemán deberían formar parte de un proceso más amplio:
comprender → recuperar → usar → recibir feedback → ajustar → volver a usar → transferir
El objetivo no es simplemente haber visto más alemán.
Es poder hacer más con él.
La frecuencia cambia el valor de las mismas horas
Imaginemos dos planes.
Plan A:
cuatro horas intensivas un día y después casi ningún contacto durante varias semanas.
Plan B:
varios contactos más breves distribuidos regularmente.
La cantidad total de tiempo puede ser parecida.
El efecto no tiene por qué serlo.
¿Por qué?
Porque aprender una lengua implica también volver a encontrar el camino hacia una información que ya no está inmediatamente disponible.
Recordar fortalece algo diferente de volver a leer.
Intentar construir una frase fortalece algo diferente de verla ya construida.
Por eso no basta con preguntar:
«¿Cuántas horas estudio?»
También debemos preguntar:
«¿Con qué frecuencia mi cerebro tiene que recuperar y reconstruir el alemán?»
Más clases no producen automáticamente una aceleración proporcional
Si una persona estudia una vez por semana y otra tres veces, sería tentador pensar que la segunda avanzará exactamente tres veces más rápido.
Pero el aprendizaje no es una línea de producción.
Entre una explicación y su uso independiente deben ocurrir procesos que no pueden sustituirse simplemente añadiendo más información.
Hay que:
- recuperar;
- olvidar parcialmente;
- reconstruir;
- comparar;
- utilizar;
- equivocarse;
- corregir;
- volver a utilizar.
Si tres clases semanales solo producen tres veces más material nuevo, la velocidad del programa puede superar la velocidad de consolidación.
En algunos momentos, aprender menos contenido nuevo permite desarrollar más competencia real.
La lengua materna cambia el problema
No todas las personas empiezan realmente desde el mismo punto.
Incluso si dos estudiantes no saben ninguna palabra de alemán, pueden disponer de recursos previos muy diferentes.
Uno habla inglés.
Otro ya ha aprendido varias lenguas extranjeras.
Otro domina conceptos gramaticales y detecta estructuras con facilidad.
Otro nunca ha estudiado una lengua de forma consciente.
Por eso «empezar desde cero» describe el alemán disponible.
No describe todo lo que el alumno lleva consigo.
Para un hispanohablante, algunas dificultades son nuevas y otras solo parecen nuevas
El alemán obliga a prestar atención a decisiones que no funcionan de la misma manera en español.
El caso gramatical tiene una presencia mucho más visible.
El artículo no solo expresa género y número: participa en un sistema de marcas que distribuye información gramatical dentro del grupo nominal.
El verbo puede ocupar posiciones que requieren pensar la frase como una estructura completa y no simplemente como una secuencia de palabras.
Pero eso no significa que todo sea completamente ajeno.
Un hispanohablante ya sabe, aunque no siempre lo piense conscientemente, que una lengua puede obligarnos a elegir entre distintas perspectivas temporales, registros, formas de cortesía y maneras de presentar una acción.
La cuestión no es:
«¿Tiene mi idioma exactamente esta forma?»
Sino:
«¿Qué decisión comunicativa conozco ya y cómo la organiza el alemán de otra manera?»
Esta comparación puede acelerar mucho el aprendizaje cuando se utiliza con precisión.
La gramática alemana no es una colección de obstáculos
Casos.
Artículos.
Declinaciones.
Orden de palabras.
Verbos separables.
Subordinadas.
Konjunktiv.
Pasiva.
Si los observamos como una lista, el alemán puede parecer una carrera de obstáculos gramaticales.
Pero una lengua no crea reglas para dificultar la vida al estudiante.
Las formas distribuyen información.
Cuando aprendemos a ver qué decisión organiza cada estructura, la gramática deja de ser únicamente una lista de prohibiciones.
Empieza a convertirse en un sistema de opciones.
Saber la regla y tomar la decisión son cosas distintas
Pensemos en los casos.
Un estudiante puede recitar:
Nominativ.
Akkusativ.
Dativ.
Genitiv.
También puede completar correctamente una tabla.
Pero durante una conversación debe hacer mucho más.
Tiene que:
- construir el mensaje;
- seleccionar el verbo;
- organizar los participantes;
- reconocer qué relación exige la estructura;
- elegir el artículo;
- adaptar otras partes del grupo nominal;
- mantener el orden de la frase;
- continuar hablando.
Por eso alguien puede «saber el Dativ» y todavía equivocarse con él.
No necesariamente falta conocimiento.
Puede faltar disponibilidad bajo carga.
Esta diferencia es fundamental para diagnosticar el problema correctamente.
La velocidad de una respuesta también forma parte del aprendizaje
Supongamos que dos estudiantes pueden construir exactamente la misma frase correcta.
Uno necesita treinta segundos.
El otro la produce inmediatamente.
¿Tienen la misma competencia?
En un ejercicio escrito quizá la diferencia importe poco.
En una conversación real, importa mucho.
Por eso el aprendizaje incluye también una transformación temporal:
lo que primero requiere análisis consciente debe poder convertirse, cuando sea necesario, en una decisión suficientemente rápida.
Pero aquí aparece otro riesgo.
Practicar mucho también puede automatizar un error
La práctica no sabe qué queremos conseguir.
Simplemente fortalece aquello que repetimos.
Si una persona utiliza una construcción incorrecta cientos de veces, puede llegar a producirla con gran rapidez.
La fluidez aumenta.
La precisión no.
Por eso «hablar mucho» no es una fórmula completa.
Hace falta una relación entre:
uso + feedback + ajuste + nuevo uso
La corrección útil no consiste en interrumpir cada frase.
Consiste en identificar qué error es casual, cuál es sistemático, cuál altera el significado y cuál empieza a convertirse en hábito.
La fluidez en alemán no es un único punto de llegada
¿Qué significa hablar alemán con fluidez?
¿Hablar rápido?
¿No cometer errores?
¿Conocer muchas palabras?
¿Entender a un hablante nativo?
¿Trabajar en alemán?
Cada definición produce una respuesta diferente.
Una persona puede hablar con mucha soltura sobre su vida y no disponer del vocabulario necesario para una discusión científica.
Otra puede leer literatura académica y hablar con más lentitud.
Otra puede trabajar perfectamente en alemán dentro de su profesión, pero no entender determinadas variedades regionales o conversaciones informales muy rápidas.
Por eso es más útil hablar de fluidez funcional.
La pregunta sería:
¿En qué ámbitos puedo ya actuar en alemán sin que el idioma monopolice mi atención?
Los niveles ayudan, pero no sustituyen al objetivo
A1, A2, B1, B2, C1 y C2 son referencias útiles.
Permiten describir aproximadamente una progresión.
Pero dos personas con el mismo nivel pueden tener perfiles muy distintos.
Una comprende mejor de lo que habla.
Otra habla con facilidad, pero simplifica constantemente.
Una tiene una gran precisión gramatical y poca velocidad.
Otra reacciona rápido, pero pierde control formal.
Una posee un alemán general amplio.
Otra tiene una competencia extraordinariamente fuerte dentro de una profesión concreta.
Por eso un nivel es una coordenada.
No es la descripción completa de una persona.
El progreso se vuelve menos visible cuando el alemán mejora
En los primeros meses, el progreso es fácil de observar.
Ayer no podíamos presentarnos.
Hoy sí.
Ayer no entendíamos una pregunta.
Hoy sí.
Ayer no conocíamos Perfekt.
Hoy podemos construirlo.
Más adelante los cambios son menos espectaculares.
Tal vez ya no aprendemos cien palabras nuevas en pocos días.
En cambio:
- elegimos una construcción más rápido;
- necesitamos traducir menos;
- detectamos antes una frase extraña;
- entendemos mejor la intención;
- distinguimos entre dos formulaciones correctas;
- reformulamos sin detener la conversación;
- transferimos una estructura a un contexto nuevo.
Todo esto es progreso.
Simplemente ya no cabe tan fácilmente en una lista de temas completados.
Una meseta no siempre significa que el aprendizaje se haya detenido
A veces el estudiante siente:
«Antes avanzaba mucho más rápido».
Puede ser cierto en términos de cambios visibles.
Pero un sistema más desarrollado también tiene que coordinar más elementos.
Un principiante intenta construir una frase.
Un usuario avanzado puede estar controlando simultáneamente:
- el contenido;
- la gramática;
- el registro;
- el efecto sobre el interlocutor;
- la precisión léxica;
- la relación con lo dicho anteriormente;
- la dirección de todo el argumento.
El progreso profundo puede ser menos visible precisamente porque ya no consiste en añadir una pieza aislada.
Consiste en coordinar mejor muchas piezas.
¿Se puede aprender alemán rápido?
Sí, si definimos qué queremos aprender rápidamente.
Podemos conseguir resultados funcionales concretos en un periodo relativamente corto.
Por ejemplo:
- presentarnos;
- hacer preguntas frecuentes;
- comprender instrucciones básicas;
- resolver situaciones previsibles;
- realizar determinadas tareas laborales;
- mantener intercambios sencillos.
Por eso la búsqueda «aprender alemán rápido» no es absurda.
Lo que sería problemático es convertirla en una promesa sin objeto.
Rápido, ¿para qué?
¿Para viajar?
¿Para una entrevista?
¿Para trabajar?
¿Para estudiar?
¿Para comprender conversaciones espontáneas?
Una vez definida la función, la velocidad puede analizarse.
El camino más corto depende del destino
Imaginemos que una persona necesita alemán para una entrevista de trabajo dentro de tres meses.
¿Debe intentar recorrer de manera uniforme todo un programa general?
Probablemente no.
Puede ser más eficiente trabajar primero con:
- presentación profesional;
- experiencia laboral;
- explicación de responsabilidades;
- preguntas frecuentes;
- descripción de proyectos;
- aclaraciones;
- lenguaje para ganar tiempo;
- estrategias para reformular.
Esto no significa abandonar el alemán general.
Significa organizar prioridades.
Un objetivo concreto cambia el orden óptimo de aprendizaje.
El alemán profesional no es simplemente alemán general con palabras difíciles
Una persona puede comunicarse muy bien en la vida cotidiana y todavía no estar preparada para trabajar en alemán.
¿Por qué?
Porque una profesión tiene sus propias formas de organizar el discurso.
No basta con traducir términos.
Hay que aprender:
- cómo se explica un proceso;
- cómo se presenta evidencia;
- cómo se formula una limitación;
- cómo se expresa incertidumbre;
- cómo se estructura un argumento;
- qué grado de precisión exige la disciplina.
Por eso el desarrollo profesional crea un territorio lingüístico nuevo.
Y a veces el alemán deja de ser el objeto de estudio
Existe un momento especialmente importante.
Al principio:
aprendemos alemán.
Después puede ocurrir algo distinto:
aprendemos otra cosa mediante el alemán.
Leemos física en alemán.
Trabajamos con matemáticas.
Estudiamos economía.
Seguimos documentación técnica.
Analizamos un tema científico.
La lengua cambia de función.
Ya no es solamente el objeto.
Se convierte en el medio.
Esta distinción forma parte de la arquitectura educativa de Levitin Language School:
Languages → Academic Subjects → Language + Subject.
El tercer nivel aparece cuando aprender una lengua y aprender una materia dejan de ser dos procesos completamente separados.
¿Cómo sabemos que algo se ha aprendido de verdad?
Una prueba muy útil consiste en cambiar las condiciones.
Hemos practicado una estructura hablando de viajes.
¿Podemos utilizarla hablando de trabajo?
Entendemos perfectamente al profesor.
¿Entendemos a otra persona?
Hemos preparado una conversación.
¿Qué sucede si la otra persona responde de una manera inesperada?
Sabemos resolver un ejercicio.
¿Qué ocurre cuando desaparece la pista?
La competencia real tiene una propiedad fundamental:
puede sobrevivir a un cambio de contexto.
Eso es transferencia.
La transferencia vale más que la repetición perfecta de un ejercicio
Un estudiante puede resolver cien veces un formato conocido.
Eso demuestra algo.
Pero si una modificación pequeña destruye completamente el rendimiento, probablemente parte del aprendizaje pertenecía al ejercicio y no todavía al estudiante.
Por eso no basta con practicar hasta que una tarea resulte fácil.
También hay que cambiarla.
Quitar apoyos.
Mover la estructura.
Cambiar la intención.
Introducir una variable inesperada.
No para complicar artificialmente el aprendizaje, sino para comprobar si el conocimiento ya puede viajar.
Un buen profesor debería volverse progresivamente menos necesario
Al principio el profesor puede tomar muchas decisiones por el alumno.
Explica.
Selecciona.
Corrige.
Recuerda.
Da modelos.
Ofrece vocabulario.
Con el tiempo, esa distribución debería cambiar.
El alumno empieza a:
- detectar el problema;
- elegir entre alternativas;
- corregirse;
- reformular;
- comprobar una hipótesis;
- transferir una estructura;
- tomar decisiones sin esperar confirmación.
Ese cambio es esencial.
El objetivo no es mantener eternamente al estudiante dentro de una situación donde solo puede funcionar con ayuda.
El objetivo es aumentar su territorio independiente.
Por eso el valor de una trayectoria individual de aprendizaje del alemán no está en acumular indefinidamente clases, sino en hacer que cada vez más decisiones dejen de pertenecer al profesor y pasen al alumno.
¿Qué suele alargar innecesariamente el proceso?
Mucha exposición y poca recuperación
Ver alemán constantemente puede crear familiaridad.
Pero la familiaridad no garantiza disponibilidad.
Demasiado contenido nuevo
Un programa puede avanzar rápidamente mientras el alumno acumula material que reconoce, pero todavía no controla.
Repetir siempre el mismo tipo de ejercicio
La persona puede aprender a resolver el formato en lugar de aprender a utilizar el idioma.
No distinguir los tipos de error
Un lapsus ocasional y una decisión sistemáticamente incorrecta no necesitan el mismo tratamiento.
Separar el programa del objetivo real
Si alguien necesita hablar, pero casi nunca tiene que producir lenguaje espontáneamente, el proceso se vuelve innecesariamente largo.
Confundir explicación con adquisición
Una explicación puede durar diez minutos.
Convertirla en una capacidad disponible puede requerir muchas experiencias posteriores.
¿Cómo estimar entonces el tiempo que necesitas?
No empieces con:
«Quiero llegar a B2 en X meses».
Puedes conservar ese objetivo, pero añade otro más concreto:
«Quiero ser capaz de…»
Por ejemplo:
- mantener una conversación cotidiana sin cambiar constantemente de idioma;
- resolver trámites habituales;
- participar en una reunión;
- atender a un cliente;
- leer documentación profesional;
- seguir una clase;
- presentar un proyecto;
- defender una posición;
- estudiar una asignatura mediante el alemán.
Después analiza la distancia.
¿Qué puedes hacer ya?
¿Qué haces solo con ayuda?
¿Qué comprendes pero todavía no produces?
¿Qué haces correctamente solo si tienes tiempo?
¿Qué desaparece cuando cambia el contexto?
¿Qué debe funcionar con mayor rapidez?
¿Qué grado de precisión exige tu objetivo?
Ahora sí tenemos información útil para hablar de tiempo.
Podemos medir el aprendizaje por territorios funcionales
En lugar de esperar un único momento llamado «ya sé alemán», podemos observar cómo se amplía el territorio.
Primer territorio: situaciones previsibles
Podemos funcionar si sabemos aproximadamente qué va a ocurrir.
Segundo territorio: interacción controlada
Podemos responder a cierta variación sin perder completamente el control.
Tercer territorio: autonomía cotidiana
Ya no necesitamos preparar cada intercambio.
Cuarto territorio: transferencia
Los recursos conocidos funcionan también en situaciones nuevas.
Quinto territorio: especialización
El alemán empieza a sostener estudios, trabajo o conocimiento especializado.
No todos necesitan llegar al mismo territorio.
Y no todos necesitan llegar allí al mismo tiempo.
Ser útil antes de ser completo
Este principio cambia mucho la percepción del aprendizaje.
No necesitamos esperar años para que el alemán tenga valor.
Puede empezar a ser útil desde muy temprano.
Primero nos permite hacer algo pequeño.
Después algo más complejo.
Luego deja de ser necesario preparar cada situación.
Más tarde podemos utilizarlo para acceder a conocimientos que antes estaban fuera de nuestro alcance.
El idioma no se activa de golpe al final del proceso.
Su utilidad crece durante el proceso.
Entonces, ¿cuánto tiempo se tarda realmente en aprender alemán?
El tiempo depende de una combinación:
punto de partida × objetivo × distancia lingüística × frecuencia × recuperación × uso × feedback × transferencia × nivel de autonomía necesario
No es una fórmula matemática.
Es una forma de diagnosticar el problema.
Para un objetivo limitado y concreto, el camino puede ser relativamente corto.
Para una autonomía amplia, será más largo.
Para estudiar o trabajar mediante el alemán aparecerán nuevas exigencias.
Para desarrollar sensibilidad hacia el estilo, el registro, la pragmática y las connotaciones culturales, el proceso puede continuar durante años.
Pero eso no significa que durante todos esos años la persona «todavía no sepa alemán».
Significa que su territorio sigue creciendo.
Por eso, en lugar de preguntar únicamente:
«¿Cuándo terminaré de aprender alemán?»
podemos hacer una pregunta mucho más poderosa:
«¿Qué puedo hacer hoy en alemán que antes no podía hacer?»
Y después una segunda:
«¿Sigue funcionando esa capacidad cuando cambia la situación?»
Ahí encontramos una medida mucho más real del progreso.
Porque aprender una lengua no consiste en llenar un depósito hasta el 100 %.
Consiste en ampliar, una decisión tras otra, el espacio de la vida en el que esa lengua ya puede trabajar para nosotros.
Aprender alemán en Levitin Language School
Levitin Language School organiza su sistema educativo internacional en tres capas relacionadas:
Languages — Academic Subjects — Language + Subject.
Por eso el alemán puede desarrollarse como lengua en sí misma, como herramienta de comunicación cotidiana o profesional, o como lengua mediante la cual el estudiante accede progresivamente a otra materia o área de conocimiento.
Si tu objetivo está relacionado específicamente con el alemán, puedes empezar por la página dedicada al aprendizaje del alemán en Levitin Language School.
La estructura internacional completa de la escuela está disponible en Levitin Language School.
Autor
Tymur Levitin
Fundador y director de Levitin Language School y Language Learnings
Educador de idiomas, traductor certificado y autor
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