Columna de autor | Tymur Levitin sobre lengua, significado y pensamiento

Parte 1 de la serie «El tiempo no es solo gramática»

Comparemos dos frases:

Dice que vendrá.

Dijo que vendría.

A primera vista, la transformación parece sencilla:

vendrá → vendría

Presente:

dice → vendrá

Pasado:

dijo → vendría

Un manual puede presentar esta relación como una regla de concordancia temporal.

Y la regla es útil.

Pero aparece una pregunta mucho más interesante:

¿Por qué usamos una forma llamada condicional cuando no hay ninguna condición?

En:

Si tuviera tiempo, vendría.

la idea de condición es evidente.

Pero en:

Dijo que vendría al día siguiente.

no necesitamos ningún si.

No estamos diciendo necesariamente:

vendría si…

Simplemente estamos mirando un acontecimiento futuro desde un punto situado en el pasado.

Entonces, ¿qué es realmente vendría aquí?

¿Un condicional?

¿Un futuro?

¿Las dos cosas?

¿O estamos intentando obligar a una forma gramatical a caber dentro de una sola etiqueta?

La respuesta nos lleva mucho más allá de una regla sobre el estilo indirecto.

Nos obliga a preguntar qué significa realmente situar un acontecimiento en el tiempo.


El futuro no siempre empieza en el presente

Normalmente imaginamos el tiempo así:

PASADO ← AHORA → FUTURO

Lo que ocurrió antes de ahora pertenece al pasado.

Lo que ocurrirá después pertenece al futuro.

Este modelo funciona mientras solo tengamos un punto de referencia:

ahora.

Pero imaginemos otra situación.

El lunes, Elena dice:

Te llamaré el viernes.

Desde la perspectiva del lunes:

LUNES → VIERNES

La llamada pertenece al futuro.

Ahora imaginemos que estamos contando esta historia el domingo:

El lunes Elena dijo que me llamaría el viernes.

Desde nuestra perspectiva del domingo:

LUNES → VIERNES → DOMINGO

El viernes ya pertenece al pasado.

Sin embargo, desde el lunes seguía siendo futuro.

Por eso el mismo acontecimiento puede ser:

pasado con respecto a nosotros

y

futuro con respecto a un momento pasado.

No hay contradicción.

Hay dos puntos de referencia.


«Vendría» puede ser futuro aunque su nombre diga «condicional»

Observemos:

Elena dijo que vendría el viernes.

El momento de dijo está en el pasado.

La llegada se sitúa después:

DIJO → VENDRÍA

Por tanto, vendría establece una relación de posterioridad con respecto a un punto pasado.

En este uso, tradicionalmente hablamos del futuro en el pasado.

Esto revela algo fundamental:

el nombre de una forma gramatical no contiene todas sus funciones.

Llamamos condicional a vendría.

Pero eso no significa que cada aparición de vendría exprese una condición.

De la misma manera, una forma llamada presente no tiene por qué referirse siempre al momento presente:

Mañana salgo temprano.

La forma es presente.

La referencia temporal es futura.

La gramática nunca ha sido una simple colección de etiquetas pegadas directamente a la realidad.


El español permite ver algo que en inglés puede pasar desapercibido

Comparemos:

He says he will come.

Dice que vendrá.

Ahora:

He said he would come.

Dijo que vendría.

La correspondencia parece extraordinariamente limpia.

will come ↔ vendrá

would come ↔ vendría

Y precisamente por eso puede engañarnos.

Podríamos concluir:

would significa -ría.

Pero comparemos:

I would help you if I could.

Te ayudaría si pudiera.

Aquí la correspondencia vuelve a funcionar.

Después:

When we were children, we would play outside for hours.

Aquí would puede expresar una acción habitual en el pasado.

En español no necesitamos decir:

jugaríamos fuera durante horas

con el mismo valor.

Podemos decir:

Cuando éramos niños, jugábamos fuera durante horas.

Una vez más, una aparente equivalencia desaparece.

La conclusión no es:

would = condicional español.

La conclusión es:

algunas funciones de would y del condicional español se encuentran; otras no.


Una forma no es una traducción

Este principio es mucho más importante de lo que parece.

Cuando aprendemos otra lengua, buscamos equivalencias:

will = futuro

would = condicional

have = tener

make = hacer

Es una estrategia comprensible.

Y al principio puede ser útil.

Pero una lengua no está construida como una sustitución cifrada de otra.

Las formas pertenecen a sistemas.

Y dentro de esos sistemas adquieren funciones.

Por eso la pregunta madura no es:

¿Qué significa would en español?

Sino:

¿Qué relación expresa would en esta construcción concreta y qué recursos utiliza el español para expresar esa relación?

A veces será vendría.

A veces no.


Tres momentos son más útiles que una sola etiqueta

Para entender:

Dijo que vendría.

podemos distinguir tres elementos.

Primero, el momento desde el que hablamos ahora.

Segundo, el momento pasado en el que alguien dijo algo.

Tercero, la llegada, posterior a ese momento pasado.

Podemos representarlo así:

AHORA DEL RELATO

← DIJO → VENDRÍA

La relación importante no es simplemente:

vendría = pasado

ni:

vendría = futuro

La relación es:

la llegada es posterior al momento de decir, aunque toda la situación pueda ser anterior al momento actual.

Eso es tiempo relativo.

Y en cuanto introducimos el tiempo relativo, la línea elemental:

pasado — presente — futuro

deja de ser suficiente.


El acontecimiento no cambia. Cambia el punto desde el que lo miramos

Supongamos que en 2018 alguien dijo:

Me mudaré a Madrid en 2022.

En 2026 contamos:

En 2018 dijo que se mudaría a Madrid en 2022.

Para nosotros, 2022 pertenece al pasado.

Para la persona situada mentalmente en 2018, 2022 pertenecía al futuro.

El acontecimiento tiene una fecha.

Pero su relación temporal depende del punto de referencia.

Esto permite formular una distinción crucial:

tiempo del acontecimiento ≠ perspectiva temporal desde la que lo presentamos.

La gramática puede codificar ambos.


El condicional español vive precisamente en una frontera interesante

La forma en -ría aparece en contextos muy distintos.

Condición o hipótesis

Viajaría más si tuviera tiempo.

Aquí aparece una situación hipotética.

Cortesía o atenuación

¿Podría ayudarme?

La forma contribuye a reducir la fuerza directa de la petición.

Información no asumida plenamente por el hablante

En ciertos registros, especialmente periodísticos, el condicional puede aparecer para presentar información atribuida o no confirmada:

El acuerdo incluiría varias medidas nuevas.

Aquí tampoco tenemos necesariamente una condición explícita.

Futuro desde un punto pasado

Sabía que algún día volvería.

Aquí volvería es posterior a sabía.

Una misma morfología participa, por tanto, en varias zonas semánticas.

Esto debería hacernos desconfiar de cualquier fórmula del tipo:

una forma = un significado.


¿Entonces el condicional es un tiempo o un modo?

Aquí entramos en un problema terminológico real.

Según el modelo gramatical que adoptemos, la clasificación del condicional español no siempre se presenta de la misma manera.

En distintas tradiciones descriptivas y pedagógicas podemos encontrar maneras diferentes de organizar la relación entre tiempo, modo y modalidad.

Y esto importa.

Porque si empezamos diciendo:

«El condicional expresa condiciones»,

muy pronto aparecen ejemplos que no caben cómodamente en esa definición:

Dijo que vendría.

Serían las diez cuando llegó.

Según algunas fuentes, el ministro dimitiría al día siguiente.

¿Podría cerrar la ventana?

La forma sigue siendo reconocible.

La función cambia.

El problema no está en el idioma.

El problema está en esperar que una etiqueta pedagógica abarque por sí sola toda la red de usos.


Una categoría gramatical no es una caja cerrada

Los nombres gramaticales son herramientas.

Necesitamos palabras como:

presente,

futuro,

condicional,

indicativo,

subjuntivo.

Sin categorías, describir una lengua sería extraordinariamente difícil.

Pero una categoría no debe convertirse en una prisión conceptual.

Cuando decimos condicional, estamos clasificando una forma dentro de un determinado modelo.

No estamos afirmando que todas sus apariciones tengan que contener una condición lógica.

De la misma manera, el llamado presente puede hablar del futuro:

Mañana voy a Barcelona.

Y puede formular verdades generales:

El agua hierve a cien grados en determinadas condiciones de presión.

La etiqueta describe una parte de la arquitectura.

No sustituye el análisis del significado real.


El futuro en el pasado tampoco se reduce a «vendría»

Podríamos pensar:

Perfecto. Para expresar futuro desde el pasado usamos el condicional.

Pero tampoco sería suficiente.

Comparemos:

Dijo que vendría.

Iba a venir.

Estaba a punto de salir.

Tenía previsto llegar a las seis.

Todas estas construcciones pueden relacionar un punto pasado con algo posterior.

Pero no significan lo mismo.

Vendría

Puede presentar una acción posterior desde una referencia pasada:

Sabía que volvería.

Iba a venir

Puede introducir un plan, una intención o un desarrollo esperado:

Iba a venir, pero cambió de idea.

Estaba a punto de salir

Sitúa la acción inmediatamente después del punto pasado:

Estaba a punto de salir cuando sonó el teléfono.

Tenía previsto llegar

Destaca la planificación:

Tenía previsto llegar a las seis.

La relación general puede ser:

PASADO → ALGO POSTERIOR

pero cada construcción añade su propia estructura semántica.

Por eso Future in the Past es mejor entendido como una relación temporal que puede expresarse mediante diferentes construcciones, no como una sola casilla de conjugación.


Y el futuro visto desde el pasado puede no hacerse realidad

Tomemos:

Dijo que vendría.

¿Vino?

La frase no lo garantiza.

Podemos continuar:

Dijo que vendría y vino.

O:

Dijo que vendría, pero nunca apareció.

Lo mismo ocurre con:

Iba a llamarte.

Podemos decir:

Iba a llamarte, pero se me olvidó.

La intención existía.

La llamada no ocurrió.

Esto demuestra que una expresión orientada hacia el futuro puede describir:

una expectativa,

un plan,

una predicción,

una intención

o simplemente

una relación de posterioridad

sin afirmar necesariamente que el acontecimiento terminó formando parte de la realidad.


El futuro gramatical y el futuro real no son lo mismo

Esta diferencia es fundamental.

Cuando una persona en 2010 piensa:

En 2020 viviré en otro país,

está construyendo un futuro desde su presente de 2010.

Quizá en 2020 efectivamente viva en otro país.

Quizá no.

La gramática representa la perspectiva disponible en 2010.

No recibe mágicamente información del futuro real.

Por eso, cuando contamos esa historia después, podemos mantener dos niveles:

lo que entonces estaba por ocurrir

y

lo que hoy sabemos que ocurrió realmente.

El lenguaje puede mantener ambos sin confundirlos.


En la narración, el futuro en el pasado también organiza el conocimiento

Consideremos:

Salió de casa sin saber que nunca volvería.

En el momento de salir, la persona no sabe que no regresará.

El narrador sí lo sabe.

Y ahora el lector también.

Tenemos al menos tres perspectivas:

la del personaje,

la del narrador,

la del lector.

Para el personaje, el no regreso pertenece a un futuro desconocido.

Para el narrador, ya forma parte de una historia completa.

La forma volvería permite mantener la relación con aquel punto pasado.

La gramática está organizando algo más que fechas.

Está organizando quién sabe qué y desde qué momento puede saberlo.


«Años después comprendería…» es una pequeña máquina narrativa

Consideremos:

Años después comprendería la importancia de aquella conversación.

Esta construcción es especialmente reveladora.

El narrador se sitúa en un momento pasado.

Desde allí señala un acontecimiento posterior:

AQUEL MOMENTO → AÑOS DESPUÉS

Pero el narrador ya conoce toda la secuencia.

La forma crea una especie de doble visión.

Estamos dentro del pasado y, al mismo tiempo, sabemos hacia dónde se dirige la historia.

En inglés encontramos una estructura comparable:

Years later, he would understand the importance of that conversation.

La coincidencia funcional entre would understand y comprendería es fuerte.

Pero lo verdaderamente importante no es memorizar una equivalencia.

Es entender qué permite hacer la construcción:

presentar como futuro algo que el narrador ya conoce como pasado.


El tiempo puede contener otros tiempos dentro de sí

Ahora compliquemos la estructura:

He thought she would have finished by Friday.

Una traducción española posible según el contexto sería:

Pensaba que para el viernes ella ya habría terminado.

Aquí tenemos un punto pasado:

PENSABA

Desde allí miramos hacia el viernes:

→ VIERNES

Pero la acción de terminar se presenta como completada antes de esa frontera futura.

Así aparecen varias capas:

momento desde el que narramos

pensamiento pasado

futuro de aquel pensamiento

acción ya completada dentro de ese futuro

El tiempo lingüístico no es una línea con tres casillas.

Puede ser una arquitectura de relaciones anidadas.


«Habría terminado» vuelve a desafiar la etiqueta condicional

La forma:

habría terminado

puede aparecer en una construcción condicional:

Habría terminado antes si no me hubieran interrumpido.

Pero también podemos encontrarla dentro de una perspectiva temporal relativa:

Pensaba que para entonces ya habría terminado.

La forma superficial es la misma.

La red de relaciones no.

Por eso analizar únicamente el nombre de la conjugación es insuficiente.

Necesitamos preguntar:

¿Qué relación construye esta forma aquí?

Esa pregunta funciona mucho mejor que:

¿Qué significa siempre esta forma?


Aquí aparece la frontera entre tiempo y modalidad

El problema se vuelve todavía más interesante porque futuro y modalidad suelen estar estrechamente relacionados.

Cuando hablamos del futuro, normalmente hablamos de algo que todavía no es un hecho accesible de la misma manera que un acontecimiento pasado.

Podemos:

predecirlo,

esperarlo,

prometerlo,

planearlo,

imaginarlo,

considerarlo probable.

Por eso las formas asociadas al futuro pueden desarrollar funciones modales.

En español:

Serán las diez.

No tiene por qué significar:

Las diez llegarán en el futuro.

Puede significar aproximadamente:

Probablemente son las diez.

Y:

Serían las diez cuando llegó.

puede introducir una estimación referida a una situación pasada.

La morfología temporal está participando en la expresión de la actitud epistémica del hablante.

El límite entre cuándo y con qué grado de certeza no siempre es rígido.


El inglés tiene un problema parecido con will y would

En el aprendizaje inicial solemos recibir:

will = futuro

y después:

would = condicional

Pero will y would también participan en una red mucho más amplia de funciones.

Por eso comparar:

will ↔ futuro

would ↔ condicional

puede ser útil como primera orientación.

No debe convertirse en el modelo final.

Español e inglés nos muestran el mismo principio desde ángulos diferentes:

las formas relacionadas con el futuro tienden a vivir cerca de la modalidad.

Y eso no es accidental.

Hablar de lo que todavía no forma parte de la realidad conocida implica inevitablemente hablar también de predicción, intención, posibilidad, compromiso o inferencia.


Tres verdades pueden coexistir sin contradecirse

Este tema es un excelente ejemplo de por qué conviene distinguir tres niveles.

1. La realidad lingüística

En el español real, el condicional posee varias funciones.

Una de ellas es expresar posterioridad con respecto a un punto pasado:

Dijo que vendría.

Pero no es la única.

Y el futuro en el pasado tampoco se limita necesariamente a una sola construcción.

2. El modelo didáctico

Para aprender el sistema necesitamos simplificar.

Es razonable enseñar:

dice que vendrá

dijo que vendría

y presentar vendría como futuro desde una perspectiva pasada.

La simplificación es útil porque revela un patrón.

3. El modelo de evaluación

En un ejercicio de transformación, el estudiante puede tener que producir exactamente:

Dijo que vendría.

Eso demuestra que reconoce la relación que la tarea está evaluando.

Las tres cosas pueden ser verdaderas al mismo tiempo.

El error aparece cuando confundimos:

la respuesta esperada en un ejercicio

con

la descripción completa del idioma.


Una buena regla no tiene que explicar todo

Existe una idea peligrosa en la enseñanza:

Si una regla tiene excepciones o límites, entonces es una mala regla.

No necesariamente.

Una regla didáctica es un modelo.

Su trabajo consiste en hacer visible una regularidad importante sin obligar al estudiante a dominar toda la lingüística desde la primera clase.

El problema no es simplificar.

El problema es olvidar después que hemos simplificado.

Podemos empezar con:

después de un verbo en pasado, el futuro puede aparecer como condicional en el estilo indirecto.

Más adelante añadimos:

esto expresa posterioridad respecto de un punto pasado.

Después:

el condicional tiene otras funciones.

Después:

la posterioridad desde el pasado puede expresarse mediante otras construcciones.

Y finalmente:

tiempo, modo y modalidad interactúan de formas que una tabla elemental no puede mostrar por completo.

La enseñanza madura no destruye la regla inicial.

La coloca dentro de un modelo mayor.


El español revela algo importante sobre los nombres gramaticales

La palabra condicional parece prometer una definición.

Pero una etiqueta histórica o pedagógica no tiene por qué funcionar como una explicación semántica exhaustiva.

Lo mismo ocurre con muchas otras categorías.

Una forma llamada futuro puede expresar probabilidad sobre el presente.

Una forma llamada presente puede referirse al futuro.

Una forma llamada imperfecto puede cumplir funciones que van mucho más allá de una idea ingenua de «acción incompleta».

Una forma llamada condicional puede expresar futuro desde el pasado.

Las categorías siguen siendo útiles.

Pero debemos aprender a leerlas como:

nombres dentro de un modelo descriptivo

y no como:

definiciones completas de todo lo que una forma puede significar.


Esta diferencia cambia la manera de estudiar gramática

Un estudiante puede memorizar:

hablaré — hablaría

vendré — vendría

tendré — tendría

haré — haría

Eso es necesario.

Pero saber formar una conjugación no significa todavía saber usarla.

El siguiente nivel consiste en distinguir:

Vendría si pudiera.

Dijo que vendría.

¿Vendría usted mañana?

Según la prensa, la empresa cerraría varias oficinas.

Años después comprendería su error.

La forma pertenece al mismo paradigma.

La función no es idéntica.

Y precisamente esa capacidad de reconocer la función en contexto transforma la gramática de una tabla en una herramienta de comprensión.


Traducir puede ocultar precisamente aquello que necesitamos aprender

Consideremos:

Dijo que vendría.

En inglés:

He said he would come.

La traducción parece casi perfecta.

Eso puede hacernos creer que los sistemas son equivalentes.

Pero en otros contextos la correspondencia desaparece.

Por eso el buen aprendizaje comparativo no consiste en celebrar cada coincidencia.

Consiste también en preguntar:

¿Dónde deja de funcionar esta coincidencia?

Las fronteras de una equivalencia suelen enseñarnos más sobre dos idiomas que la equivalencia misma.


Antes de elegir la forma, reconstruya la arquitectura temporal

Cuando una construcción resulte confusa, podemos hacer cuatro preguntas.

1. ¿Cuál es el momento desde el que se está hablando?

2. ¿Existe otro punto de referencia dentro de la historia?

3. ¿Qué acontecimiento es anterior y cuál posterior a ese punto?

4. ¿La forma añade además hipótesis, intención, probabilidad, cortesía, expectativa u otra modalidad?

Tomemos:

Sabía que volvería.

Tenemos:

SABÍA → VOLVERÍA

El regreso es posterior al conocimiento.

Ahora:

Volvería si pudiera.

Tenemos otra arquitectura:

CONDICIÓN HIPOTÉTICA → POSIBLE REGRESO

La forma volvería es la misma.

La relación no.


La meta no es hacer este análisis conscientemente para siempre

Al principio necesitamos desmontar la construcción.

Vemos:

DIJO → VENDRÍA

Reconocemos la perspectiva.

Comparamos contextos.

Distinguimos usos.

Después de suficiente exposición, el análisis deja de ser un procedimiento consciente.

Ya no pensamos:

verbo introductorio en pretérito + posterioridad → condicional.

Simplemente sentimos que:

Dijo que vendría

es la forma natural para esa relación.

Ese es el paso decisivo:

de conocer una regla a disponer de un sistema.

La gramática cumple su función cuando finalmente deja de interponerse entre la intención y el lenguaje.


Y entonces aparece una pregunta todavía mayor: ¿qué estamos contando cuando contamos los tiempos?

Si vendría se llama condicional pero puede expresar futuro relativo;

si vendrá puede expresar futuro, pero también inferencia;

si el presente puede hablar del futuro;

si diferentes construcciones expresan distintos tipos de posterioridad;

entonces decir:

«Una lengua tiene X tiempos»

es mucho menos sencillo de lo que parece.

¿Contamos:

formas morfológicas?

paradigmas?

combinaciones de tiempo y aspecto?

funciones temporales?

construcciones perifrásticas?

relaciones entre puntos temporales?

La cifra cambia según la pregunta.

Por eso las discusiones sobre si una lengua tiene 2, 12, 16 o cualquier otro número de «tiempos» pueden convertirse rápidamente en discusiones sobre definiciones ocultas.

Antes de contar necesitamos decidir qué cuenta como tiempo.


El futuro en el pasado es una puerta hacia un problema mucho mayor

Podríamos aprender:

will → would

vendrá → vendría

y detenernos allí.

Sería suficiente para resolver muchos ejercicios.

Pero perderíamos lo más interesante.

Future in the Past muestra que:

un acontecimiento no tiene una única posición temporal independiente del observador;

la lengua puede construir puntos de referencia dentro de otros puntos de referencia;

las formas temporales pueden desarrollar funciones modales;

una categoría gramatical puede tener más funciones de las que su nombre sugiere;

dos idiomas pueden coincidir en una construcción y separarse completamente en otra.

Eso ya no es una regla aislada.

Es una ventana a la arquitectura del lenguaje.


Aprender inglés no significa sustituir formas españolas por formas inglesas

En Levitin Language School trabajamos precisamente con este cambio: pasar de equivalencias rápidas a mecanismos que permiten comprender y utilizar el idioma de forma autónoma.

Cuando una persona deja de pensar:

would = -ría

y empieza a reconocer:

aquí hay posterioridad desde un punto pasado,

aquí hay hipótesis,

aquí hay hábito pasado,

aquí hay cortesía,

el sistema se vuelve más complejo durante un momento.

Después se vuelve mucho más claro.

Porque ya no necesitamos una regla nueva para cada frase.

Entendemos qué trabajo realiza la construcción.

Para continuar el aprendizaje práctico del inglés dentro de la parte internacional de nuestro ecosistema, puede consultarse también Best Ways to Learn English.

Y el análisis comparativo de los límites del backshift se desarrolla con más detalle en Tense Shift and Its Blind Spots: A Full Comparison of English, German, Ukrainian, and Russian.


A continuación: ¿cuántos tiempos tiene realmente el inglés?

El futuro en el pasado nos deja ante una pregunta inevitable.

Si would puede participar en una construcción temporal y también en construcciones modales;

si el futuro puede expresarse de varias maneras;

si una forma no equivale automáticamente a una función;

si las etiquetas pedagógicas y las categorías lingüísticas no siempre coinciden perfectamente —

entonces, antes de preguntar:

¿Cuántos tiempos tiene el inglés?

debemos preguntar:

¿Qué estamos llamando exactamente «tiempo»?

Solo después podremos entender por qué un libro puede hablar de 12 tiempos, otro de 16 y un análisis lingüístico partir de un sistema mucho más reducido de oposiciones morfológicas.

La siguiente parte no buscará una cifra para memorizar.

Buscará algo más útil:

qué modelo produce cada cifra y qué parte del idioma consigue explicar.


© Tymur Levitin
Founder & Lead Language Expert
Levitin Language School

Author’s Column — The Language I Live

Levitin Language School — escuela internacional de idiomas en línea.
Ecosistema educativo: Levitin Language School · Language Learnings